La carne de caballo es carne

Aviso: el motivo de este artículo se debe al ejercicio evaluativo referente al Módulo ‘Salud Pública, Promoción y Educación para la Salud’ del Máster de Comunicación y Salud de la UCM que actualmente estamos cursando. Perdonad las molestias

España también se ha visto implicada en el escándalo de la carne de caballo que desde el mes de enero lleva galopando por más de una veintena de países de la Unión Europea.

La alarma se desató en nuestro país cuando la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) detectó dos marcas de hamburguesas -Eroski y Alipende- que contenían carne de caballo sin advertirlo en el etiquetado a finales del mes de enero. Los fabricantes retiraron inmediatamente los productos.

Semanas más tarde, la multinacional suiza Nestlé también tuvo que apartar sus tortellini y ravioli de la marca ‘Buitoni’, así como los canelones ‘La Cocinera’ por el mismo motivo. De la misma forma que tuvo que hacer la división española de la multinacional sueca Ikea con las albóndigas de todos sus establecimientos.

La causa de tal sustitución es fácil de entender. Un kilo de carne de caballo es mucho más barata que la de ternera. De ahí la sustitución de una por la otra, lo cual explica la muy amplia generalización de esta práctica en muchas empresas cárnicas

En realidad, no hay nada malo o peligroso en comer carne de caballo. Lo único es que es de diferente calidad. Ni mejor ni peor. Diferente.

Sin embargo, ante el temor de un descenso en el consumo de la carne de caballo -se había disparado con la crisis económica-, ahora parece que la actualidad se tiene que centrar en lavar la imagen de la carne de caballo como alimento y en glosar sus virtudes nutricionales.

En estas últimas semanas han habido nutricionistas, críticos gastronómicos y cocineros que a través de diversos artículos, blogs o reportajes televisivos han centrado su atención en destacar sus cualidades nutricionales: que si es baja en grasa, su alto valor proteico o su riqueza en hierro.

Alabar a un determinado producto implica una especie de invitación-recomendación táctica para consumirlo más, marcado por un contexto en el que se ha producido un incremento del doble en la producción de carne equina en España de 2006 a 2011 y un descenso de sus exportaciones, según los últimos datos emitidos por el Ministerio de Agricultura.

No obstante, no hay que olvidar que la  carne equina no deja de ser carne roja y el exceso de este tipo alimentos en nuestra dieta puede determinar el desarrollo de ciertas enfermedades relacionadas con la obesidad, problemas del corazón, colesterol elevado.

Una alimentación saludable se basa en la diversidad de alimentos, ya que no existe un solo producto capaz de proporcionar todas las sustancias nutritivas que nuestro organismo requiere; de ahí que la mejor postura que se puede tomar ante el consumo de carne roja consiste en buscar un punto intermedio.

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¿Problema de salud pública o posible fraude de etiquetado?

Aviso: la publicación de este artículo se debe a un ejercicio evaluativo del Módulo ‘Salud Pública, Promoción y Educación para la Salud’ del Máster de Comunicación y Salud de la UCM que actualmente estamos cursando. Perdonad las molestias.

El hallazgo de carne de caballo sin etiquetar en hamburguesas y productos culinarios  en países de la Unión Europea ha dejado en evidencia el control de la cadena alimentaria.

El escándalo surgió después de que Irlanda publicase el pasado mes de enero los análisis sobre unas muestras de productos prefabricados con carne de caballo etiquetada como ternera.

Desde ahí, el escándalo se fue extendiendo a una veintena de países -incluido España- afectado a marcas conocidas como ‘Findus’ y ‘Nestlé’, que han tenido que retirar varios productos que contenían équido.

Las autoridades reiteran de que no se trata de una crisis sanitaria, sino de un fraude en el etiquetado de alimentos. De ahí que la Comisión Europea haya aprobado una medida para reforzar los controles de los productos cárnicos y comprobar que  los comercializados como ternera no tienen el más mínimo rasgo de carne de caballo. Los resultados serán publicados por los Estados Miembros antes del 15 de abril.

Sin embargo, en el fondo del escándalo subyace la presión por los precios bajos. La carne de caballo es más barata que la de ternera, ya que la crianza de una vaca es más costosa. De ahí la sustitución de una por la otra. Una sustitución que no es ni nueva ni tan desconocida como ahora se pretende hacer creer. El único que parece que no lo sabía es el consumidor.

La carne équina no es en sí misma el problema. Es igual de natural para el cuerpo humano que la carne de cualquier otro animal. La cuestión es que lo que en un principio parecía ser un mal resultado en un análisis rutinario irlandés se ha convertido en un problema que ha tomado una dimensión europea que afecta a todo tipo de productos preparados de muy diferentes marcas.

La cadena que interviene en la producción, empaquetado y distribución de una hamburguesa o un paquete de albóndigas es tan compleja y extensa que su control es cada vez más difícil. A estas alturas, ni siquiera se ha podido averiguar de dónde procede la carne.

El consumidor debe tomar conciencia de que debe exigir la máxima seguridad alimentaria y reclamar a la Unión Europea y al resto de Administraciones un control de lo que come y penas severas para los responsables. Es de esperar que los análisis que ha encargado la UE arrojen luz sobre lo ocurrido.

¿Qué entendemos por Comunicación en Salud?

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La semana pasada dedicamos un post-resumen a tratar y valorar algunos de los modelos “innovadores” en el ámbito de la comunicación en salud expuestos durante el VIII Curso en Comunicación y Salud.

Lo más seguro es que muchos conozcáis el significado de Comunicación,  por un lado y el de Salud, por otro pero, ¿qué entendemos por el concepto que aglutina estas dos palabras?

A priori, podría decirse que no existen nexos comunes entre Comunicación y Salud. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Sin comunicación, no habría sociedad. Sin salud, no habrían personas.

Desde hace algunos años, los modelos sobre salud pública han derivado de un planteamiento médico basado en un concepto de salud “biológico”, que postulaba una etiología fisiológica de la enfermedad y un tratamiento farmacológico o quirúrgico, a un modelo “biopsicosocial”, donde la etiología de la enfermedad es biológica o psicosocial y, frecuentemente, resultado de una interacción entre ambas. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido que la salud es el bienestar físico, psicológico y social de la persona.

Desde estos modelos integradores de la salud, resulta evidente la importancia de la comunicación, en aspectos tales como*:
  • La transmisión de información que permita a los ciudadanos conocer las diferentes opciones de conducta saludable o de riesgo.
  • La creación de hábitos de conducta saludables mediante la implantación de progra- mas de educación para la salud.
  • La creación y propagación de marcos de referencia sociales (frames) que facilitan la adaptación o desajuste al entorno, mediante la creación de estándares de meta y creación de disonancias.

La sociedad occidental relaciona bienestar con valores materiales como el dinero, el poder, el status, la apariencia. La salud ha devenido un bien de consumo y es aquí donde la comunicación en salud emerge un papel determinante para construir -o, reconstruir- este ideal de bienestar.

El reconocimiento académico del área de Comunicación y Salud es relativamente reciente. Podríamos decir que queda consolidada en el año 1996 cuando se reconoce la existencia de asociaciones -ICA (1975) y NCA (1985)-, publicaciones -Health Communication (1989) y Journal of Health Communication (1996)- y profesionales que la ejercen -Bárbara Korsh (años 50) y Teresa Thompson (1984)-.

En estos momentos, el ámbito de la comunicación y la salud se encuentra extraordinariamente fragmentado (pudimos comprobarlo en la variedad temática de las mesas redondas del VIII Curso de Comunicación y Salud), debido a la existencia de múltiples campos de actuación: comunicación sanitario-paciente, marketing de masas aplicado a la salud, periodismo especializado, comunicación y salud 2.0, comunicación de crisis sanitaria, promoción de la salud, prevención de conductas de riesgo y adicciones, etc.

Sin embargo, la comunicación en salud debe alzarse como un un instrumento de salud pública respetando las decisiones personales de cada individuo*. Debemos tener en cuenta que a la hora de diseñar estrategias de comunicación en salud estamos incidiendo sobre estilos de vida. Es decir, estamos haciendo un ejercicio de autoridad normativa sobre la población.

Por ello, es importante abordar la estrategia de comunicación desde un marco de la ética dialógica que permita a los protagonistas participar del discurso público y conformarlo conjuntamente con los poderes públicos y las iniciativas privadas.

Como muchos ya sabréis, el ámbito de la comunicación en salud nos fascina. No dudéis que seguiremos hablando mucho más sobre él.

Para finalizar os dejamos con un vídeo que refleja el interés creciente de las marcas de consumo por posicionarse en el sector salud haciendo uso de un formato y un tipo de mensaje que seduce mucho más que la continua emisión de mensajes de educación y promoción para la salud en redes sociales (interesante pasarse por el último post publicado en Salud con Cosas para reflexionar en esta idea).

 

 

* Comunicación social y salud: Un nuevo planteamiento estratégico, de Ubaldo Cuesta Cambra, Tania Menéndez Hevia y María Luisa Garcia Guardia