¿Problema de salud pública o posible fraude de etiquetado?

Aviso: la publicación de este artículo se debe a un ejercicio evaluativo del Módulo ‘Salud Pública, Promoción y Educación para la Salud’ del Máster de Comunicación y Salud de la UCM que actualmente estamos cursando. Perdonad las molestias.

El hallazgo de carne de caballo sin etiquetar en hamburguesas y productos culinarios  en países de la Unión Europea ha dejado en evidencia el control de la cadena alimentaria.

El escándalo surgió después de que Irlanda publicase el pasado mes de enero los análisis sobre unas muestras de productos prefabricados con carne de caballo etiquetada como ternera.

Desde ahí, el escándalo se fue extendiendo a una veintena de países -incluido España- afectado a marcas conocidas como ‘Findus’ y ‘Nestlé’, que han tenido que retirar varios productos que contenían équido.

Las autoridades reiteran de que no se trata de una crisis sanitaria, sino de un fraude en el etiquetado de alimentos. De ahí que la Comisión Europea haya aprobado una medida para reforzar los controles de los productos cárnicos y comprobar que  los comercializados como ternera no tienen el más mínimo rasgo de carne de caballo. Los resultados serán publicados por los Estados Miembros antes del 15 de abril.

Sin embargo, en el fondo del escándalo subyace la presión por los precios bajos. La carne de caballo es más barata que la de ternera, ya que la crianza de una vaca es más costosa. De ahí la sustitución de una por la otra. Una sustitución que no es ni nueva ni tan desconocida como ahora se pretende hacer creer. El único que parece que no lo sabía es el consumidor.

La carne équina no es en sí misma el problema. Es igual de natural para el cuerpo humano que la carne de cualquier otro animal. La cuestión es que lo que en un principio parecía ser un mal resultado en un análisis rutinario irlandés se ha convertido en un problema que ha tomado una dimensión europea que afecta a todo tipo de productos preparados de muy diferentes marcas.

La cadena que interviene en la producción, empaquetado y distribución de una hamburguesa o un paquete de albóndigas es tan compleja y extensa que su control es cada vez más difícil. A estas alturas, ni siquiera se ha podido averiguar de dónde procede la carne.

El consumidor debe tomar conciencia de que debe exigir la máxima seguridad alimentaria y reclamar a la Unión Europea y al resto de Administraciones un control de lo que come y penas severas para los responsables. Es de esperar que los análisis que ha encargado la UE arrojen luz sobre lo ocurrido.

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