Sobre innovación y personas

chiste-creatividad

El mes pasado leímos en La Contra de La Vanguardia una entrevista sobre estrategias de innovación que no nos dejó indiferentes. En este caso, el protagonista de la conocida sección, un profesor de la Babson College llamado Jay Rao, explicaba una nueva forma de entender la innovación empresarial centrada en las personas. 

Desde el punto de vista de la Comunicación, en Tazón de Azúcar ya habíamos hablado de la importancia de incorporar una cultura empresarial centrada en la colaboración y el diálogo entre las personas.

Sin embargo, desconocíamos la manera de poder utilizar la inteligencia colectiva para crear nuevos negocios, productos o servicios, así que decidimos leer el libro de Rao y del también experto en innovación Fran Chuán -‘Innovación 2.0. ¿Por qué cuando hablamos de innovación nos olvidamos de las personas?’.

A lo largo de una conversación entre un directivo de empresa y un formador, el libro refleja  algunas de las claves para entender mejor la cultura de la innovación centrada en los eternos “olvidados”, ya que a menudo asociamos innovación a tecnología y olvidamos que quien está detrás de todo son las personas (de aquí el guiño al 2.0).

¿Qué es la innovación?

¿Sabrías contestar a esta pregunta? Venga. Tienes un minuto para pensarlo (no vale buscar en Wikipedia).

Lo más probable es que cada uno haya relacionado el término con algo diferente, desde el departamento I+D+i de su empresa, el suprimido ministerio español, la última modificación realizada dentro de la organización o, simplemente, NS/NC. Por lo tanto, ¿tenemos claro qué significa este término que parece estar tan de “moda”?

Los autores definen la innovación como una disciplina basada en el aprendizaje constante (primera idea. Toma nota). Es decir, en la generación y puesta en marcha de nuevas oportunidades que permitan descubrir y crear nuevos negocios, productos o servicios.

“La innovación es una elección”, advierten los autores. Las compañías tienen que decidir si prefieren continuar haciendo las cosas de la misma manera de siempre o, por el contrario, se plantean ser innovadoras y cambiar algo a fondo para conseguir una mejora que suponga un gran salto hacia delante.

Si decidimos apostar por la segunda opción, antes deberemos crear una cultura innovadora (he aquí la segunda idea). Deberemos instaurar un clima donde las personas sean las protagonistas y donde puedan ser naturalmente creativas, permitiendo que las ideas se conviertan sistemática y rutinariamente en oportunidades.

Cómo crear un entorno que facilite la creatividad

Ante esta pregunta, nos suele venir a la cabeza empresas punteras como Google, que ofrecen gimnasios, masajes y fiestas a sus trabajadores. Sin embargo, para uno de los últimos protagonistas de La Contra (¡cómo nos gusta este sección!), proporcionar un lugar atractivo donde trabajar, genera “emoción y pasión” por la empresa. Y no la capacidad de desarrollar el intelecto, la mente y las emociones de las personas.

Cuando los autores hablan de crear un entorno creativo (ya está aquí. Tercera y última idea), se refieren a poner en práctica una serie de valores y conductas que permitan a las personas ser más imaginativas. Son los siguientes:

1. Aplicar la lógica-creativa

Esta estrategia se basa en pensar a lo grande, diferente. Crear información que no existe. Pero empezando por poco, con los recursos que tenemos a nuestro alcance.

Los autores aconsejan iniciar varios proyectos al mismo tiempo y aplicar una experimentación barata, con la que podamos verificar rápida y económicamente cuál de los prototipos es el bueno.

“Equivocarse mucho, rápido y barato para acertar”, aconsejan Rao y Chuán.

2. No tener miedo al fracaso

Los directivos tienen miedo al fracaso. De hecho, es gracias a sus éxitos que están donde están y no quieren oír hablar de tomar nuevas decisiones y moverse en aguas movedizas empapadas de ambigüedad (y menos en estos tiempos).

Sin embargo, si los directivos no se mojan y “aprenden a fracasar, las mejoras disruptivas y la innovación no ocurrirán”, aconsejan los autores.

 3. Hacer caso omiso al conocimiento existente

Antes de diseñar una estrategia, es común averiguar el posicionamiento de la competencia para así desmarcarnos y crear algo totalmente diferente.  Sin embargo, Rao y Chuán aseguran que “el benchmarking es imitación”.

Para los expertos en innovación, el conocimiento existente nos relega a la imitación, que es hacer algo que otros han hecho y les ha funcionado esperando que a nosotros también nos funcione. En resumen, un error en toda regla.

Los autores del libro aconsejan deshacer todo lo que conocemos, es decir, recurrir a la humildad y la pasión para poder innovar.

4. Hacer simples las cosas

A todos nos encanta hacer complejas las cosas. Sobre todo, cuando tenemos que dar soluciones para resolver problemas complejos. Nos hace “parecer intelectuales” y es una manera de “proteger nuestro puesto de trabajo”, aseguran Rao y Chuán.

Sin embargo, los autores aconsejan descomponer las situaciones complejas en bloques fundamentales para tratar la cuestión de una manera simple. Sólo así podremos entender algo en profundidad.

A modo resumen, la historia de Lewis Carroll, ‘Alicia en el país de las maravillas’, que los autores utilizan en el libro, puede ayudarnos a entender que la elección del camino no determinará nuestro destino. Lo verdaderamente determinante será fomentar comportamientos innovadores. El éxito llegará solo.

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